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Tos de las perreras

La traqueobronquitis infecciosa canina, más conocida por tos de las perreras, se refiere a cualquier infección respiratoria contagiosa de inicio agudo, que engloba típicamente el tracto respiratorio superior.

La etiología de la infección es compleja y abarca numerosos virus y bacterias, que pueden actuar individualmente o sinérgicamente. Generalmente, la traqueobronquitis infecciosa canina resulta de la infección de alguno de los cuatro agentes patógenos principales – Bordetella bronchiseptica (bacteria), Virus de la Parainfluenza Canina, Virus de la Influenza Canina y del Adenovirus Canino Tipo 2.

La infección simultánea con dos o más de estos agentes confiere un riesgo significativo en la morbilidad de perros susceptibles. Perros alojados en caniles privados o comerciales, tiendas de animales e incluso clínicas veterinarias, están sujetos a un mayor riesgo de exposición e infección.

La transmisión de estos agentes se produce siempre de la misma forma, a través del contacto directo oronasal o de las secreciones oronasales de perros infectados a perros que nunca tuvieron contacto con los agentes. En lugares donde cohabitan muchos animales, la transmisión puede darse incluso por los recipientes de comida y bebida o a través de las manos humanas contaminadas.

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Los signos clínicos (más frecuentemente la tos) se desarrollan entre uno a tres días tras la exposición. La excreción viral se inicia a los pocos días post infección, variando entre seis a diez días, período tras el cual disminuye sustancialmente.

Por otro lado, bacterias como la Bordetella bronchiseptica y los micoplasmas son capaces de escapar al reconocimiento y destrucción por parte del sistema inmunitario durante semanas o meses. Perros de cualquier edad son susceptibles de infección, pero los cachorros son los más susceptibles. Tras la recuperación, es difícil establecer inmunidad natural a esta enfermedad. La tos de las perreras posee una elevada prevalencia en todo el mundo.

Dentro de las poblaciones afectadas, la morbilidad es frecuentemente elevada siendo, sin embargo, la mortalidad reducida. Inicialmente, esta enfermedad se presenta con accesos agudos de tos seca paroxística. Los episodios de tos pueden ser exacerbados con el ejercicio y estrés. Si existe laringitis, las cuerdas vocales inflamadas pueden dificultar el paso de aire, resultando en un ladrar ronco o una llamada “tos de ganso”. Si se presenta traqueítis, la tos puede ser inducida fácilmente a través de la palpación de la tráquea. La producción de elevadas cantidades de moco en la tráquea y en las vías respiratorias bajas puede culminar en una tos productiva. Secreciones serosas, mucosas o mucopurolentas pueden surgir en cualquier fase de la infección. Los estornudos se dan en algunos casos.

En perros con infecciones no complicadas se espera una mejoría rápida (días) con, a veces, sin tratamiento de antibióticos. De todos modos, puede ocurrir un agravamiento en perros co-infectados después de algún tiempo. Fiebre, letargia e inapetencia son signos menos frecuentes, que pueden ser resultado de una infección bacteriana del tracto respiratorio inferior (bronquios y pulmones). En la mayoría de los casos, los síntomas son leves, pudiendo resolverse espontáneamente (infección no complicada) en cuestión de días. Perros saludables con traqueobronquitis infecciosa que son aislados de la exposición del virus, tienden a recuperarse en dos semanas. Aunque a veces, la enfermedad puede progresar rápidamente para enfermedad respiratoria severa del tracto respiratorio inferior, resultando en un agravamiento del cuadro clínico y, eventualmente, en la muerte del animal.

El diagnóstico de la tos de las perreras se hace a base de la historia clínica del perro, los signos clínicos presentes, a través de radiografías torácicas y, en caso de complicaciones, pueden revelar señales de hiperinsuflación del pulmón y atelectasia, o incluso con la recogida de muestras para su análisis.

El tratamiento tiene como objetivo aliviar la tos y prevenir complicaciones, basándose en la elección del antibiótico apropiado, de un broncodilatador y de antiinflamatorios. Los animales afectados deberán aislarse de otros animales y controlar mucho los cuidados de higiene.

La prevención de esta enfermedad pasa por la vacunación. Actualmente, residencias caninas y exposiciones de animales, exigen la vacunación contra esta enfermedad como requisito para la admisión.

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